La ley de Moore y la forma de valorar a las personas.

Muchas de las tecnologías que usamos en la actualidad nos proporcionan un acceso casi inmediato a la red y podemos almacenar grandes cantidades de información en un aparato minúsculo, que hace mucho nuestros abuelos lo consideraban ciencia ficción. Nuestro mundo esta cambiando y a una velocidad impresionante en este siglo XXI. Si comparamos nuestra PC de hoy con uno que usábamos hace 10 años atrás, sería para muchos un castigo tenerlas que usar por lo lentas que eran, ya que hoy estamos acostumbrados a trabajar con una velocidad y eficiencia superior. Pero ¿ A qué se debe este gran avance y evolución de nuestros ordenadores? como es posible que la cámara de ayer inasequible para muchos, sea hoy no solo una de las funciones de tu móvil.

Conozcamos el principio rector de Silicon Valley, uno de sus diez mandamientos condensados en uno, La ley de Moore.

Desde principios del siglo XXI, la influencia más importante sobre la manera en que los tecnólogos imaginan el futuro se debe a su experiencia directa de las redes digitales a través de diversos aparatos electrónicos. Una persona joven tarda unos pocos años, no toda una vida, en experimentar cambios de la magnitud de los que propicia la ley de Moore. A todo esto nos lleva a preguntar: ¿Qué es la Ley de Moore? , cuando hacemos referencia a esta ley estamos hablando implícitamente de su inventor Gordon Moore que en 1965 descubrió que el número de transistores por pulgada cuadrada en los circuitos integrados se había estado duplicando año tras año desde su invención. ¿Qué significa esto?, que la tecnología de los circuitos integrados mejora a una velocidad cada vez mayor. No es que las mejores se acumulen, cómo un montón de piedras al que se añaden más pedruscos, sino que se multiplican. La ley de Moore implica que cada vez son más las cosas que se pueden hacer prácticamente gratis. Pero a todo esto ¿ Dónde entra la importancia de las personas?, bueno la respuesta es obvia si se analiza, cuanto más extraordinariamente baratas son las máquina, más caras parecen por contraposición las personas. En otras épocas, los discos se prensaban en una fábrica y se distribuían en camiones en las tiendas, donde los dependientes los vendían. Aunque este sistema no ha desaparecido por completo, es mucho más habitual obtener la música al instante a través de una red. Un buen número de personas de clase media se ganaba la vida gracias a la industria discográfica, pero ya no es así. Ahora los principales beneficiaros del negocio de la música digital son los operadores de los servicios de red, que por lo general la ofrecen gratis a cambio de recopilar datos que adjuntar a sus dossieres y con los que mejorar los modelos de software que representan a cada persona. Lo mismo podría sucederle a la cirugía. Tal vez un día las operaciones de corazón se lleven a cabo con nanorrobots, radiación holográfica o robots corrientes y molientes equipados con endoscopia. No obstante, en ese escenario, el papel de los cirujanos humanos no está predeterminado. Seguirían siendo esenciales, pues la tecnología dependería de datos que se obtendrían necesariamente de personas, pero no está claro que se los valorase de tal manera que eso les permitiese ganar un buen sueldo. Analizando esto podríamos decir que la ley de Moore puede hacer que los salarios y los mecanismos de protección social, parezcan lujos injustificables, Jaron Lanier experto en informática, músico, artista gráfico y escritor. Una de las cien personalidades más influyentes del mundo en 2011 según de la revista Time, menciona en su libro ¿Quién controla el futuro? , los tecnólogos digitales están trazando el rumbo que determinará cómo vivimos nuestra vida, cómo hacemos negocios, cómo hacemos cualquier cosa, y lo trazan dejándose llevar por las expectativas de unos escenarios ridículamente utópicos. Hasta tal punto deseamos disfrutar de experiencias online gratuitas que aceptamos gustosamente no recibir ninguna compensación económica, ni ahora ni nunca, por la información que generamos. Esa misma concepción presupone también que, cuanto mayor sea el peso de la información en nuestra economía, menor será nuestro valor. Pero en realidad como vemos la información digital no es más que una máscara tras la que se encuentran personas reales.

Creíamos que el mundo sería mejor si todos compartiésemos la máxima cantidad de información posible, sin las restricciones del ámbito comercial. Era una idea de lo más razonable.

Si exigimos que los servicios actuales sean gratuitos, debemos ser consciente de que pagaremos un precio por ellos en el futuro .

Jaron Lanier.

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